Después del atentado en París, reivindicado por el Estado Islámico; después de que 10 cazas del ejército del Aire de Francia bombardeasen Siria como represalia; después de que el primer ministro francés, Manuel Valls, advirtiese hace unos días que no descartaban sufrir un ataque terrorista con “armas químicas o biológicas”; después de que Bruselas mantenga el nivel máximo de alerta antiterrorista, con cierre del metro, las escuelas y los centros comerciales por temor a un ataque; después de que ayer se colara en España un yihadista de origen marroquí sin que nadie lo haya encontrado aún, no os vendré con aquello de… «Ya os lo dije» Sonaría demasiado demagógico y oportunista.

Pero la memoria es un extra con el que no todos los animales hemos sido dotados. Usémosla.

Hace 5 años me desgañitaba aquí y allá con aquello de los búnkeres anti atómicos, anti nucleares, anti bacteriológicos, anti tormentas solares, anti guerra, anti terrorismo y anti todo lo que se menea… Me pareció interesante y aposté por ello. La prensa se quedó sólo con que eran para el fin del mundo y con motivo del ya caducado y enmohecido apocalipsis de 2012.

A raíz de los atentados de París, vengo observando en las estadísticas de visitas del blog de mi libro “Cómo sobrevivir al Juicio Final”, que éstas vienen Lee más »


 

Acudes a un partido de fútbol.

Lo de esta noche puede ser una masacre, dices en Twitter, por lo de viernes 13. Esperas, como aficionado, que Francia le clave 13 goles a Alemania. Lo posteas, recibes me gusta y algún amigo lo comparte.
«Cuidadito cuando volváis», te escribe tu madre por Whatsapp. Le respondes con un selfie a las puertas del Stade de France con tu novia y tus amigos. Sonriente, feliz… lleno de vida.
Durante el transcurso del partido escuchas una detonación. Piensas en el fondo norte o sur, los graciosos de siempre. Habrán lanzado un petardo, una bengala… pero no se ha marcado ningún gol y eso te extraña. Lee más »


Llevaba más de un mes sin postear porque andaba liado con la publicación de mi segundo libro: ‘KEEP CALM AND MOVE TO ENGLAND: Manual de supervivencia para españoles en Inglaterra‘.

La guía definitiva para españoles que desean emigrar a Inglaterra

La guía definitiva para españoles que desean emigrar a Inglaterra

Después de varias semanas de silencio he decidido dedicarle un artículo al fenómeno de «El Pequeño Nicolás».
Existen muchas razones para creer que en efecto, este muchacho de tan sólo 20 años fue capaz de codearse con gente de muy alto nivel sin necesitar nada más que de su astucia y un abanico de apariencias.
Por lo que sabemos de él hasta la fecha, nadie puede negar que ha hecho gala de una inteligencia cuando menos poco común. El problema es que como alguien me dijo una vez, lo verdaderamente importante no es tener inteligencia, sino saber qué hacer con ella. Francisco Nicolás es un claro ejemplo de ello. Su corta edad le ha jugado una mala pasada; ha querido jugar a indios y vaqueros en plena guerra de la información, pero le ha faltado la indispensable virtud de la discreción para salir airoso de semejante follón. Un follón que ni el CNI, ni la vicepresidencia del gobierno, ni las distintas administraciones públicas con las que asegura ha estado colaborando fueron capaces de prever con antelación. Y es precisamente ahí —al margen de los errores que ha cometido este chaval—, donde su figura me parece altamente interesante y digna de estudio. Me cogen sudores fríos de imaginar en manos de quién está España, donde basta con proyectar una difusa imagen de uno mismo, hacerse un par de auto retratos con famosos y viajar en coche descapotable para hacerse pasar por un influyente empresario o un Charlie (Agente Secreto) del Centro Nacional de Inteligencia.
En menudo «pollo» te has metido, chaval… Pero gracias por retratar no sólo la cara de los políticos con los que te relacionabas, sino su baja preparación y falta de sentido común.

El Pequeño Nicolás y su 'colaboración' con las instituciones españolas

«El Pequeño Nicolás» y su  obsesión por ‘colaborar’ con las instituciones españolas

Quien haya estado en contacto con políticos, con gente del mundo del deporte de élite y los famosos de la farándula, habrá apreciado que con suma frecuencia aparecen cargos de la nada, ayudantes de debajo de las piedras y acompañantes de los que nadie sabía nada hasta que de pronto alguien los ensalzó. Lee más »


Me llegaba el lunes desde España el correo de un lector de Cómo sobrevivir al Juicio Final para informarme de un tema de especial interés para mí. El asunto no es para nada nuevo. Salió en la prensa en febrero de 2014, pero esta vez ha trascendido gracias a un conocido programa de misterio de televisión de emisión dominical. Puedes verlo aquí.

Cómo sobrevivir al Juicio FInal - Google

Cómo sobrevivir al Juicio FInal – Google

Lo que ha propiciado que esté en boca de todos en esta ocasión es la reciente resolución del Tribunal Europeo en Luxemburgo a favor del llamado derecho al olvido, que obliga a Google a atender las reclamaciones de miles de afectados.
Pero, ¿afectados de qué? Vayamos por partes:
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Y se acabó. Todo terminó como empezó: derecha, ultraderecha, fascismo, nazismo y la puta que los parió. Bienvenidos a esa Europa del futuro que se une para expulsar a los que sobran de todos los países donde los autóctonos vomitan la xenofobia fomentada por sus políticos y cargan contra todos esos asquerosos inmigrantes que, según dicen, son los culpables del paro, la violencia y la crisis económica. Son culpables hasta del calentamiento global por seguir exhalando su pútrido aire llenando la atmósfera de CO2. ¿Por eso has votado?  No, seguro que no. Tú votaste para cambiar el mundo. Un tachón en un papel dentro de una urna es todo lo que se necesita para que España, Europa y el mundo entero funcione como TÚ quieres… Claro que sí.

Elecciones Europeas 2014

Dejadme decir —confesar más bien— que yo no he ejercido mi derecho a voto como ciudadano en esta ocasión. No. Yo no me beso el escudo de la DEMOCRACIA de la camiseta como hacen muchos cuando se dirigen a su colegio electoral cada 4 años. Siento ser tan cabrón y tirar por tierra con mi gesto de pasotismo lo que mis antecesores consiguieron a base de luchar y llorar, pero es que yo ya no me creo nada. No me creo los discursos ni de unos ni de otros. Es más, estoy harto de

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