Siempre entraña dificultad escribir un artículo nuevo en el Blog. El pánico al folio en blanco, la escasez de ideas, o la falta de tiempo hacen que a veces, publicar un Post se convierta en un ejercicio de disciplina personal semanal.
La semana pasada no tuve tiempo de pasarme por aquí y dejar mis reflexiones como habitualmente hago cada lunes. Trabajo, viajes, compromisos varios. Me gustó, eso sí, comprobar que cada vez sois más y desde más variados lugares los que me regaláis un visita para saber qué se cuece por aquí… Mil gracias.
Uno de los artículos que más y mejor impacto ha tenido en la historia de este blog ha sido ¿Eres un Survivalista o un Activista? ¡Descúbrelo hoy mismo! Desde que en diciembre de 2013 saliera a la luz como web oficial del libro Cómo sobrevivir al Juicio Final, ningún otro artículo ha tenido un número de lectores tan elevado como ese. Un post que me atreveré a complementar y ampliar con este otro, procedente del Blog “Las Monedas de Judas”: Una visión crítica sobre los survivalistas adeptos al madmaxismo

Continúo diciendo que si resultas ser un «Rambo» de machete entre los dientes, y te encuentras leyendo este artículo por error o decisión propia, no me gustaría que te sintieras ofendido. No, porque no es esa mi intención. Si quisiera ofender a alguien o a algún colectivo en concreto lo haría sin tantos rodeos y con palabras menos amables o calibradas.
Por el contrario, considero que es mi deber vertir en este espacio todos los matices de la experiencia que yo viví, ya que estoy seguro de que puede ayudar a otras personas a entenderse mejor. También a decir basta. Basta de esto. Basta de negativismo, de pesimismo, de miedo, de angustia, de temores imaginarios que sólo conducen a la soledad y a la frustración.

Este artículo no va dirigido sólo a los survivalistas, Madmaxistas o frikis apocalípticos, conspiranoicos y demás (conjunto en el cual estuve yo incluido tiempo atrás). Va dirigido a todo el mundo por igual.
En mi perfil de la mayoría de redes sociales, me defino así en el poco espacio que te brindan para ello:

“I publish for the joy of writing | I focussed on surviving and now I die for living”
(Publico por el placer de escribir | Me obsesioné por sobrevivir y ahora muero por vivir)

Y así es. Creo que no puedo haber elegido frases tan concisas y apropiadas para describirme en este momento de mi vida. Así que he decidido escribir sobre ello. Sobre la diferencia de encarar la vida viviendo, en vez de sobreviviendo.

Evolución del hombre

Yo no sé hasta que punto los que defienden la supervivencia como modo de vida, conocen en profundidad la historia de la genética que les ha traído hasta aquí. Ignoro si saben que su historia como seres vivos se remonta a estos 4 puntos clave de la evolución humana:

    1. Aparece una bacteria hace 120.000 millones de años con la capacidad de autoalimentarse sin ayuda externa y que mutaba en dos cuando envejecía, haciendo que cada una de esas partes tuviera vida propia.
    2. Cada una de las partes de esa bacteria, se fue separando y mutando de forma distinta a la otra hasta no parecerse a su predecesora. Tras muchos miles de años de mutación, estas dos bacterias se encontraron de nuevo y quisieron comerse la una a la otra. Al ver que no podían engullirse, decidieron que lo mejor era hacerse amigas.
      Así fue como nació la primera asociación/agrupación real en la Tierra entre dos formas de vida.
    3. Este cócktel de bacterias fue evolucionando hasta convertirse en células, en plantas, en peces, en bichos, en mamíferos, en monos… y finalmente en hombres y mujeres.
    4. El ser humano, o los más próximos a éste como eran la familia de Homos (habilis, erectus, sapiens) apareció en la tierra hace unos 2.5 millones de años. Los humanos actuales estamos formados por 100 billones de células que luchan cada día por hacernos sobrevivir. Cada una de ellas es idéntica a la otra, con la única diferencia de que unas se agrupan para formar neuronas, por ejemplo, y otras para formar uñas del pie. Esto dio como resultado el nacimiento de dos códigos fundamentales de trabajo en común: solidaridad y generosidad (o falta de egoísmo). Ambos nos ayudan a sobrevivir.
      La solidaridad es necesaria porque cada una de nuestras células cumple roles distintos dentro del cuerpo humano. Unas forman parte de lugares más agradables que otras. Si todas quisieran ser células cerebrales, no habría vida. Si un grupo de ellas de alzara en rebelión contra las de la cabeza, por haberles tocado ser culo, y tener que estar en contacto perpetuo con tu mierda, dejarías de existir. Tiene que haber un perfecto equilibrio; una aceptación del rol que de por vida van a cumplir todas y cada una de las células de tu cuerpo.
      Por otro lado, la solidaridad implica un hecho que revoluciona toda forma de vida en nuestro planeta, ya que cuando una célula envejece, se auto destruye para dejar paso a las jóvenes.
      Esto también ocurre a nivel demográfico en el mundo —si me permitís hacer una analogía entre los seres humanos y las células que lo conforman—, aunque no a la velocidad que la naturaleza acostumbraba a reemplazar a los seres humanos hace millones de años.

Y este punto 4, antes de continuar, me lleva por narices a sacar a colación una película que recientemente he visto, llamada Snowpiercer (Rompenieves). En ella, un grupo de humanos rescatados de una catástrofe provocada por el cambio climático, es explotada dentro de un tren auto suficiente que da vueltas alrededor del mundo una y otra vez. Un grupo de desgraciados se ve relegado a la cola —sufriendo todo tipo de vejaciones a las que nosotros como sociedad estamos acostumbrados—, y otros pertenecen a la cabeza —gozando de los privilegios de nuestros gobernantes—. Al final se lía la de Dios. Los primeros inician una revolución contra los segundos y santas pascuas. Algo que ni en broma veremos que ocurre en la vida real…
Te dejo el Trailer:

Nuestra evolución genética quiere cumplir su papel fundamental dentro de nuestros ciclos vitales, asegurándose de que sobrevivimos lo suficiente como para reproducirnos. Ni más ni menos. Dicho de otra forma: no venimos al mundo para otra cosa que no sea para nacer, follar, dejar descendencia, y morir. De tal modo, ningún mono o ser humano en la Tierra tenía una esperanza de vida superior a 25 años. Y por si era fuera poco, sólo 2 de cada 10 niños lograban sobrevivir pasado el mes de vida.

La cadena de evolución de los homínidos terminó con los Homo Sapiens Sapiens, que es lo que somos ahora. Pero ser lo que somos ahora no es del todo una suerte, teniendo en cuenta la carga genética de baja calidad moral/ética que poseemos. Y es que, los que llegaron a sobrevivir y hacernos “evolucionar” hasta lo que somos, fueron precisamente aquellos que más astutos fueron a la hora de salvaguardar sus genes. Dicho de otra manera: no provenimos de los honrados homínidos que cedían su comida en la tribu para que los más pequeños pudieran sobrevivir; no venimos de los que cuando había una guerra se enfrentaban solos ante sus enemigos para salvar a los demás… porque este tipo de nobles homínidos moría y no dejaba descendencia. Éste era el paleto, el imbécil de la tribu; había que matarlo. De los que sí procedemos, en cambio, es de los que robaban la comida para sobrevivir; de los cobardes y miserables que cuando había una guerra se escondían para que no les mataran. De esos provenimos. De lo peor de lo peor. Así que no debemos extrañarnos al ver que no evolucionamos, porque de donde no hay, no se puede sacar.

El crecimiento demográfico fue creciendo paulatinamente, siglo tras siglo, milenio a milenio hasta llegar a la cifra de 7 millones de habitantes en el año 1700 d.c. Hasta hace 200 años, el ser humano había ido poblando la Tierra de forma razonable. Sin embargo, con el avance de la ciencia y la revolución industrial, el mundo pasó de pronto de 7 millones de habitantes a más de 7.000 millones en 2013. Una cifra mareante y poco sostenible.

Y ya que ha salido el tema de la demografía, me veo tentado a hablaros de Alan Weisman, autor estadounidense del Best Seller Un mundo sin nosotros, quien recientemente ha escrito otro libro llamado La cuenta atrás. En él, nos advierte de que “habrá una catástrofe si no bajamos a dos hijos por pareja”. Lo dice en una entrevista en Muy Interesante y en Voz Populi.

“Algunos economistas quieren una muchedumbre de pobres peleando entre sí por unos sueldos miserables”

Autor de "La cuenta atrás"

Autor de “La cuenta atrás”

Es entonces cuando llegamos a este preciso momento, en el que hemos pasado de sobrevivir como mucho 25 años, a empezar a hacerlo nada más y nada menos que 90 o 100 años. La elevada esperanza de vida nos ha hecho entrar en un ciclo vital tan largo que realmente no sabemos qué hacer durante tanto tiempo. Y, lo que es peor aún, es que si el objetivo del ser humano (de la genética en general), es evolucionar a mejor, eliminando lo malo, lo feo, lo débil para dejar paso a lo bueno, a lo fuerte, a lo guapo, y haciéndolo a un ritmo mucho más acelerado del de ahora, esto de vivir tantos años sólo acrecienta una tragedia: que no evolucionamos a mejor, sino a peor. No estamos siendo consecuentes ni respetando el ciclo evolutivo impuesto por la naturaleza.

Si algo nos deja claro esta breve introducción genética del ser humano que os he hecho, es que efectivamente, y hasta hace no mucho, el hombre venía al mundo para sobrevivir. Vamos a ver ahora las 10 razones que se me ocurren para cambiar el chip, y saber qué hacer y cómo afrontar una vida (a grandes rasgos, claro) que se nos puede alargar más de lo que la naturaleza tenía previsto.

10 Razones para elegir “Vivir” en lugar de “Sobrevivir”

 1) Tener la muerte y el peligro en mente las 24 horas del día no es sano. Quizá cuando nuestros antepasados homo sapiens vivían en la selva, tenía sentido. Actualmente no tiene ninguno. Hoy vives en un mundo rico en gilipolleces vanales, pero es un mundo que ofrece muchas cosas positivas al fin y al cabo. Es verdad que las injusticias nos amargan la existencia, pero míralo por lado más realista que puedas: ni tú, ni yo, ni nadie de los de ahí fuera han nacido para cambiar el mundo. Quejarte sólo traerá más miseria a tu vida. Intenta buscar algo en lo que refugiarte y que te ofrezca consuelo y alegría, no más incertidumbre y dolor.

2) ‘Vivir’ es sentir que no hay mañana; ‘Sobrevivir’ es sospechar que no lo hay. No malgastes tus días. Podrías de pronto contraer una enfermedad incurable para la que no tendrías mochilas de emergencia, fósforos, machetes ni refugios suficientes que la curen. Todo por culpa de prepararte para una catástrofe que ni los nietos de tus nietos verán venir.

3) Céntrate en tu familia, en tus amigos, en tus placeres más sanos. Ellos te quieren. No están equivocados, no están ‘dormidos’, no es que no quieran ver o te traten de loco. Es que sencillamente te quieren y con eso les basta. Cualquier catástrofe que pudiera quitarles la vida mañana les entristecería menos que no verte a ti feliz. Así que créeme… Olvida cualquier asunto que te preocupe y pienses que no puedes afrontar si no es preparándote. El «aquí» y el «ahora» no lo recuperarás jamás si la cagas. Y de esto sé un poco porque lo he vivido en mis propias carnes, tal y como relato con detalle en mi libro Cómo sobrevivir al Juicio Final.

4) Si te preocupa tu entorno, la política, las injusticias, la sociedad, los pobres, los desahuciados… Si te indigna vivir en un mundo de mierda dominado por cuatro mangantes, no te sulfures; trabaja para la comunidad. Haz algo de utilidad para ayudar a los demás. No te obsesiones sólo con postear artículos y noticias calamitosas en Facebook que enfadan aún más a los que te siguen. Haz algo; ofrécete como voluntario para cualquier causa que requiera de tu tiempo, tus dos manos y tu corazón. Nada, absolutamente nada llena tanto a un ser humano sano de espíritu como el ayudar a otros en la desgracia. Quizá no logres cambiar el mundo, ni siquiera alterarlo, pero a buen seguro dejarás tu huella para siempre en él.

5) Nunca hagas daño a nadie. Ni siquiera cuando creas que tienes razón, porque la razón es susceptible de estar corrompida en cuanto se la defiende con actos malvados. Eso es sobrevivir. Es eliminar o tratar de eliminar a alguien para quedar tú por encima y garantizar tu falsa superioridad. Los grandes de espíritu combaten de otra manera. La superioridad no se demuestra en tiempos de guerra, sino en tiempos de paz.

6) No te creas importante. Tú como especie eres increíblemente maravillosa y milagrosa, no la cagues creyéndotelo. Tu presencia en la tierra dejará un testamento genético tan minúsculo que ni siquiera se notará dentro de millones de años. Nada de lo que hagas para sobrevivir cambiará esa gran verdad. Creemos que el mundo se creó ayer, pero lleva miles de millones de años dando vueltas sin nosotros. A mi juicio se las ha apañado muy bien sin ti. Que tú te quedes o te vayas será circunstancial. Igual que lo será que yo siga viviendo o muera mañana mismo. Tanto da…

7) Libérate del miedo. La supervivencia es vivir en él. Eduard Punset dice que “la felicidad es ausencia de miedo”. Hagámosle caso. El miedo sólo trae desconfianza, recelo, maquinación desleal, incertidumbre, malos pensamientos, traición, miseria… ¿De verdad quieres pasarte 50, 60 o 70 años más albergando tanta porquería en tu interior? Estoy seguro de que no. Y si decides que sí, no te quepa la menor duda de que tu porquería es un como váter embozado. Acabará desbordándose y pringarás a los de tu alrededor. Al final acabarás solo. Sé feliz; irradia felicidad a los demás. Contágiales de optimismo y déjate de imbecilidades de catástrofes, tsunamis, tormentas solares y chorradas que a nadie le importan.
Sólo algunos animales —aún conectados con ese universo todopoderoso del que nosotros nos divorciamos durante esta «involución»— pueden predecir catástrofes antes de que ocurran. La especie a la que perteneces no. Así que tanto da que te prepares y te armes hasta los dientes. Si ocurre, sea cuando sea, la palmarás como los demás.

8) Aprende; no te auto convenzas de nada. Hay una gran diferencia entre estos dos conceptos. Y cuando digo aprender me refiero a que al menos lo intentes. Y es que, según afirman, a partir de los 12 años el ser humano deja de tener la capacidad de adquirir nuevos conocimientos. Desde el décimo segundo cumpleaños nuestro cerebro comienza a perder 12.000 neuronas al día; irrecuperables, a diferencia de todas las demás. Así que, aprende cosas nuevas, cosas sanas, cosas alegres que quizá no retengas para siempre en la memoria, pero que vivirán eternamente en tu corazón.

9) No dejes que tu cerebro reptiliano —el encargado de hacerte sobrevivir— domine tu vida. Ah, y con lo de «reptiliano» no me refiero a esa clase de seres de otros planetas con los que algunos conspiranoicos parecen haber salido de copas, sino de uno de los tres cerebros que tienes.

Los tres cerebros

Dedícale tiempo a fortalecer tu sistema límbico y el neocórtex. Si no sabes de qué puñetas te estoy hablando visita este enlace: Los tres cerebros: reptiliano, límbico y neocórtex

10) Por último —que ya me he extendido suficiente y me llama el deber hoy lunes—, regálate la capacidad de reconocer tus errores y mejorarte cada día. No hay nada más desconsolador que cometer el mismo error que entorpeció tu evolución como persona años atrás. Todo ese tiempo no se ha perdido, pero te aseguro que ha estado muy mal aprovechado. Busca la manera de hacer las cosas de forma distinta si ves que así no sales adelante.  No hay nada que sea tan dolorosamente entorpecedor como las propias limitaciones que tú te impongas. Cuando entendamos que esta vida que nos han prestado como estación de mejora genética durará un suspiro, y  disfrutemos de ella viviendo como si fuese terminar mañana, será cuando veamos que todas las malas energías, situaciones y penurias que sufrimos se tornarán en nuevas oportunidades. Hasta entonces, nada te hará salir de ese pozo. Échate la manta a la cabeza: viaja, múdate, conoce, vive, experimenta, llora, ríe… pero por favor: vive y deja de sobrevivir.

Un abrazo a todos y hasta el próximo lunes.

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